La venganza y la obsesión llevan a Matt Hagen a perder el control en Clayface, una historia que explora el lado más oscuro de la naturaleza humana y revela los secretos detrás de su impactante transformación.
¿Hasta dónde puede llegar una persona cuando siente que le han arrebatado todo? En ‘Clayface', la venganza nace de un impulso profundamente humano: el deseo de corregir una injusticia. Sin embargo, cuando el dolor y la rabia toman el control, la búsqueda de reparación puede convertirse en una obsesión destructiva.
Para el director James Watkins, esta dimensión psicológica es fundamental en la historia de Matt Hagen. "Me fascinan los peligros de la venganza, porque también es un instinto humano muy primitivo querer corregir los errores", señala. La película plantea así una pregunta inquietante: ¿somos capaces de controlar nuestras emociones o terminan siendo ellas las que nos controlan?
Esta lucha también atraviesa a la Dra. Caitlyn Corr (Naomi Ackie), cuya ambición científica y conexión con Matt influyen en las decisiones que toma. Ambos comparten un origen similar y el deseo de alcanzar algo extraordinario, pero sus aspiraciones y sentimientos los llevan a cruzar límites que tendrán consecuencias. La tragedia, señala Ackie, está precisamente en que algunas de esas consecuencias podrían haberse evitado.
"El trauma puede acecharte de esa manera. Aparece de repente en tu vida y sabotea tu forma de ver el mundo", explica la actriz. Su personaje, una científica dispuesta a arriesgarlo todo para sacar adelante su investigación, refleja cómo la desesperación por ser reconocidos y alcanzar nuestros objetivos puede nublar el juicio. En el caso de Matt, el dolor de la pérdida y su reacción ante las injusticias que ha sufrido alimentan una espiral de decisiones cada vez más destructivas.
Watkins busca que el terror vaya más allá del sobresalto y permanezca en el espectador a través de miedos reconocibles: perder la identidad, la reputación, la capacidad de trabajar o incluso el control sobre el propio cuerpo. El resultado es una historia que combina el terror corporal con el thriller psicológico y presenta a Matt Hagen como un personaje trágico, atrapado entre el hombre que era y aquello en lo que se está convirtiendo.
Detrás de Clayface: cinco curiosidades de la producción
- Un villano con historia desde los años 40. Clayface apareció por primera vez en DC Comics en la década de 1940. La versión de Matt Hagen, que inspira esta película, debutó en los años 60. Su capacidad para transformarse en otras personas o cosas lo convierte en un personaje especialmente atractivo para una historia de terror corporal.
- 18 etapas de transformación. El rostro de Matt Hagen atraviesa 18 etapas protésicas a lo largo de la película, desde las secuelas del ataque que sufre hasta su transformación en ‘Clayface’. El equipo de Legacy Effects fabricó cientos de piezas individuales para construir esta evolución.
- Prótesis diseñadas para un solo uso. Las piezas de silicona utilizadas en el maquillaje no podían reutilizarse después de una jornada de rodaje. Por eso, el equipo debía preparar duplicados con el mismo acabado y color para mantener la continuidad de cada etapa de la transformación.
- Arcilla que se mueve con ondas sonoras. Para crear el movimiento de la arcilla en el laboratorio de Caitlyn, el equipo utilizó Oobleck, una mezcla de maicena y agua cuyo comportamiento cambia según la presión que recibe. La sustancia fue agitada mediante las ondas sonoras de un altavoz para producir el efecto de arcilla ondulante.
- Un vínculo con Batman (1989). La producción recuperó objetos de utilería de la película dirigida por Tim Burton y protagonizada por Michael Keaton. Entre ellos se encuentra la mesa de centro original del Joker, utilizada en el ático de Matt Hagen, y una silla procedente del mismo set en el que Jack Napier se sometía a una cirugía.
Clayface llegará a los cines peruanos este 22 de octubre con funciones de preestreno desde hoy miércoles 21. Las entradas ya están a la venta.

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