“Escribí Elucubraciones porque me di cuenta de que era real despertar todos los días entre cuatro y cinco de la mañana. No sé cuándo se creó ese hábito, no sé si era el paso del tiempo o las secuelas de la pandemia. Todo tiene un lado bueno y un lado no tan bueno. Abrir los ojos de la nada, como si alguien me despertara, empezar el diálogo eterno, que extrañamente se esfumaba cuando amanecía, y pararme de la cama a empezar de día. Había veces en que a las nueve de la mañana me reía tanto que no entendían quién era ese ser tan pensante, angustiado y ansioso que despertaba de madrugada. La vida no se detiene nunca, es avasallante el paso del tiempo, pero lo que sí no entiendo es porqué algunos, solo algunos, somos conscientes de este devenir de los años, mientras que otros pueden vivir sin darse cuenta. Jamás hablé de mis Elucubraciones con nadie. Pensé hallar una cura y acallar esta mente haciendo deporte, a lo que luego se le sumó la meditación y la oración, pero no esa de “por mi culp...